Ninguna vida esta completa sin un toque de LOCURA

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Viajar como forma de vivir

En un mundo rebosante de avances tecnológicos e informáticos, y de un inquietante alboroto generalizado, donde los cambios se vuelven casi el pan de cada día, se despiertan en muchas cabecitas humanas pequeñas revoluciones neuronísticas.

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Surgen entonces personas de espíritu libre, como pajarillos volando, amantes del pensar y del sentir que la vida es aquí o allá, como una historia escrita entre lápiz y papel, acompañándote siempre. Personas en constante movimiento físico y espiritual, produciendo equilibrio, como el yin y yang del vivir y del viajar.

Así sea a la vuelta de la esquina, el viaje reconfirma que no se trata solo de llegar al lugar, sino de toda la trayectoria: desde el instante en que se prende el foquito en la cabecita y nace el deseo de ir.

Dicho así, el desarrollo de un viaje es llenarse de vibras, seguir soñando y partir desde ese foco iluminador que llega a las neuronas, tal cual cuando se dijo: hágase la luz. Una ansiedad bella por estar ya en acción, en cada nueva ruta hacia la meta, aun con el conocimiento mínimo de cómo hacerlo, pero con la certeza de que el camino te hará aparecer allí.

Así se producen nuevas formas de realizar, dejando de lado lo tradicional, renovando acciones y prolongando el movimiento. La renovación, como ley, debe darse en cada ser humano, agradeciendo a la espontaneidad que la imaginación va creando.

De hecho, con esa locura lúcida que de una u otra manera nos ronda —o nos impregna— aunque muchas veces no le hagamos caso por la costumbre de seguir como ovejas, sin hacer por uno mismo.

Tal vez sea momento de mirar más allá de las pupilas, de observar con otros ojos, y permitirnos ver con nitidez y transparencia que siempre hubo más maneras de caminar, de viajar y de vivir.

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