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Viaje por el mar Egeo: Atenas, Kusadasi y Éfeso en verano

Como les dije, el mes prodigioso para uno es aquel donde sucede de todo. Y el pasado setiembre de 2025 llegó ese viaje tan esperado, como reproducirse en un pajarito en alas delta, respirando las brisas del mar Egeo, aromatizándonos mediterráneamente en la ciudad denominada la primera civilización del mundo.

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Todo empezó saliendo en esos pájaros voladores mecánicos desde el nuevo aeropuerto Jorge Chávez de Lima, con unas doce horas de vuelo, haciendo una escala en París, la ciudad de la luz. Allí, al tiempo de almorzar, disfrutamos de un rico tartar de carne y otro plato con huevo y una salsa imposible de recordar, pero sí de saborear: para chuparse los dedos. La gastronomía francesa, una exquisitez… y para ello, mejor preguntarle a Ratatouille.

Satisfechas y respirando “oh là là”, continuamos el trayecto hacia Atenas, por segunda vez después de varios años, pero esta vez en compañía del mejor y único ser en el mundo.

Fueron días recorriendo esta capital, con el infaltable Partenón, entre infinitos monumentos y museos, degustando deliciosas comidas, cafés y helados al aire libre, en plena temporada de verano, donde ni el sofoco logra detener el deseo de seguir explorando la cuna de la civilización.

Siendo este el punto inicial y de encuentro con la autora (o autores) de este viaje desde España, continuamos entre paseos, caminatas y anécdotas —incluso entre taxis— hasta llegar el momento de dirigirnos al puerto del Pireo para la gran aventura: sentir el vuelo, pero esta vez pisando el mar.

Partimos hacia el primer destino: Kuşadası, en la costa del Egeo de Turquía, conocida como la ciudad de los pájaros.

Uno de los puntos más interesantes es Éfeso, a solo 20 minutos desde el puerto principal. Esta antigua ciudad de la región central del Egeo turco, cercana a Selçuk, conserva restos que reflejan siglos de historia: desde la Grecia clásica y el Imperio romano —cuando fue un importante centro comercial del Mediterráneo— hasta la expansión del cristianismo.

Al suroeste de Selçuk se encuentra también la Casa de la Virgen María, un lugar de peregrinación donde, según la tradición, María pasó sus últimos años.

Entre ruinas, historia y religiosidad —todo bastante clásico e imperdible—, y siendo temporada de verano, nada mejor que dirigirnos a los balnearios y playas. Allí, sin resistencia, caemos en la tentación de degustar helados y café turco frente al mar, derritiéndonos entre emociones y aprendizajes.

Al finalizar el día, brillantes como el sol, energizadas por continuar, nos dejamos llevar entre las olas, en medio de la popa, entre jacuzzi y piscinas, con la bebida de turno, deliberando —más que preparando— los eventos de la noche: ¿qué cenaremos hoy?

Seguimos el recorrido navegando por las aguas del mar Egeo, y al día siguiente desembarcamos en la capital turca… pero eso se los cuento en la siguiente entrada.

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